
El ministro de Asuntos Exteriores de Irán, Abbas Araghchi, ha advertido de consecuencias duraderas tras los ataques que sufrieron sus instalaciones nucleares a manos de aviones de los Estados Unidos; mientras que el presidente norteamericano, Donald Trump, prometió continuar la ofensiva en contra de la nación islámica en caso de que esta “no acepte la paz”.
“Estados Unidos, miembro permanente del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, ha cometido una grave violación de la Carta de las Naciones Unidas, el derecho internacional y el TNP al atacar las instalaciones nucleares pacíficas de Irán», escribió el canciller iraní en sus redes sociales el día de hoy.
«Los sucesos de esta mañana son indignantes y tendrán consecuencias duraderas. Todos los miembros de la ONU deben estar alarmados por esta conducta extremadamente peligrosa, ilegal y criminal», agregó el diplomático iraní.

En este sentido, aseguró que de conformidad con la Carta de las Naciones Unidas y sus disposiciones que permiten una respuesta legítima en defensa propia, Irán se reserva todas las opciones para defender su soberanía, sus intereses y su pueblo.
Por su parte, Trump ofreció una rueda de prensa desde la Casa Blanca para confirmar los ataques estadounidenses y anunciar que continuará la ofensiva hasta que Irán «acepte la paz»
«Nuestro objetivo era destruir la capacidad de enriquecimiento de uranio de Irán, ponerle fin al principal Estado auspiciador del terrorismo en el mundo», dijo Trump tras confirmar las agresiones.
“Tiene que haber paz (…) Si la paz no se concreta rápidamente, iremos tras otros objetivos con precisión y destreza. Estos objetivos pueden neutralizarse en cuestión de minutos”, agregó el mandatario republicano ante decenas de periodistas.

Además, l Asamblea Consultiva Islámica, el Parlamento de Irán, propuso cerrar el estrecho de Ormuz, uno de los corredores marítimos más relevantes para el comercio global de crudo, como respuesta al ataque de Estados Unidos contra instalaciones nucleares iraníes. La decisión definitiva sobre esta medida, que podría tener amplias repercusiones económicas y geopolíticas, quedará en manos del líder supremo, el ayatolá Alí Khamenei.
El general Esmaeil Kousari, miembro de la Comisión de Seguridad Nacional del Parlamento, confirmó en declaraciones a la televisión pública iraní que la Cámara “ha alcanzado la conclusión de que hay que cerrar el estrecho, pero la decisión recae en el Consejo Supremo de Seguridad Nacional”.
La recomendación parlamentaria representa un paso formal hacia una posible escalada en la región del Golfo Pérsico y refleja la presión interna para adoptar medidas firmes tras la ofensiva estadounidense.

Irán ocupa un lugar destacado entre los productores mundiales de petróleo, con un bombeo diario de 3,3 millones de barriles de crudo y exportaciones que alcanzan los 1,7 millones de barriles diarios. El país depende en gran medida de los ingresos por hidrocarburos, por lo tanto, el cierre del estrecho de Ormuz implicaría riesgos significativos tanto para la economía iraní como para sus clientes y socios comerciales.
El Parlamento persa sostiene que la opción de cerrar el estrecho busca presionar a los países occidentales y reafirmar su capacidad de respuesta ante acciones que considere hostiles. Sin embargo, la implementación de esta medida se presenta como un dilema estratégico para la dirigencia iraní, que deberá sopesar los beneficios de mostrar fuerza frente a los costos económicos y el riesgo de una escalada militar.
A lo largo de los últimos años, Teherán ha amenazado en varias ocasiones con cerrar el estrecho de Ormuz como mecanismo de presión en su disputa con Estados Unidos y sus aliados. No obstante, hasta el momento, el tránsito no ha sido interrumpido debido al reconocimiento del alto costo que implicaría para todas las partes involucradas.

La comunidad internacional observa con atención los acontecimientos ante la posibilidad de una interrupción en el suministro de energía global. La Unión Europea, China, India y otros grandes consumidores de petróleo dependen del flujo que cruza el estrecho de Ormuz. Una escalada podría elevar el precio de la energía, afectar las cadenas de suministro y agravar la situación económica global.
