
El ejército de Irán ha ejecutado a “uno de los espías más importantes de Israel“, en la décima ejecución de este tipo tras la guerra de 12 días que el país libró contra su enemigo regional.
El régimen iraní no tuvo compasión con un espía judío
La ejecución fue anunciada por Mizan, la agencia de noticias local que trata casos judiciales, que identificó al condenado como Bahman Choobiasl, cuyo caso se desconocía entre los activistas que monitorean las sentencias de muerte.
El objetivo principal del Mossad al conseguir la cooperación del acusado era obtener la base de datos de instituciones gubernamentales y crear una brecha en los centros de datos iraníes, además de otros objetivos secundarios, como investigar la ruta de importación de equipos electrónicos”, señaló Mizan.

Teherán acusó a Choobiasl de reunirse con funcionarios de la agencia de espionaje israelí, pese a que el acusado negó todos los cargos.
A principios de septiembre, otro reo acusado de espiar para Israel, Babak Shahbazi, fue ahorcado. Su caso era más conocido y contaba con el apoyo de grupos de derechos locales, que aseguraron que Shahbazi fue torturado para obtener una confesión falsa sobre las acusaciones que pesaban sobre él.
La policía iraní aseguró haber detenido a más de 21.000 sospechosos de colaborar con Israel, la mayoría acusados de delitos cibernéticos, así como espionaje directo con el Mossad. Un estado de alarma se extendió por todo el país durante la guerra contra Israel y la intervención militar estadounidense, en la que el ejército hebreo consiguió golpear infraestructuras de defensa clave del país, así como las principales instalaciones nucleares.
Desde el inicio de la oleada de ataques el 13 de junio, las fuerzas de seguridad iraníes lanzaron una campaña de arrestos generalizados, acompañado de una mayor presencia militar en zonas militarizadas y regiones del país donde se produjeron protestas antigobierno.
El país se ha visto sumido en una gran incertidumbre tras la guerra contra Israel, conflicto que causó más de 1.100 víctimas mortales y que los iraníes temen que pueda resurgir en cualquier momento. A ellos se le añade una mayor presión económica, ahora que el país vuelve a estar sujeto a una serie de sanciones de Naciones Unidas -a petición de Francia, Alemania y Reino Unido– por su programa nuclear.

Irán amenazó con responder a las sanciones, aunque de momento no tiene intención de abandonar tratados internacionales, según aseguró el ministro de Exteriores, Abbas Araghchi. Mientras, entre los parlamentarios aumentan las peticiones de expulsar a los embajadores del equipo europeo que pidió a la ONU imponer restricciones contra la República Islámica.
