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La desaprobación que registra el Gobierno de Orsi supera el 70 % según la última encuesta de Ipsos publicada por El Chusmero, marcando un punto crítico que no se había visto desde que el mandatario asumió en 2019. Este dato, que supera cualquier registro anterior, ha encendido los focos de la opinión pública, los analistas políticos y los observadores internacionales, que ahora se preguntan si la administración podrá revertir la tendencia antes de que se consolide una crisis de legitimidad.
Para comprender la magnitud de este fenómeno, es preciso retroceder a los inicios del mandato de Gustavo Orsi, quien llegó a la presidencia con una promesa de “renovación estructural” y una agenda centrada en la reforma fiscal, la modernización del aparato estatal y la apertura de mercados. Los primeros años estuvieron marcados por la aprobación de la Ley de Incentivos a la Inversión y la creación del Programa Nacional de Infraestructura, medidas que, en su momento, elevaron los índices de popularidad a niveles superiores al 55 %.
Contexto histórico y auge inicial del Gobierno de Orsi
La desaprobación actual contrasta fuertemente con los primeros meses de gestión, cuando el Gobierno de Orsi gozaba de un amplio respaldo popular.
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El ascenso inicial del Ejecutivo se sustentó en una coyuntura económica favorable: el PIB creció un 3,2 % en 2020 y la inflación se mantuvo bajo el 4 % durante los dos primeros años. Ese entorno permitió al presidente Orsi presentar su gestión como una “época de estabilidad y progreso”. La prensa local, en aquel momento, describía al mandatario como “el arquitecto de la modernización”.
Sin embargo, la bonanza fue efímera. A partir de 2022, la combinación de una caída de los precios de los commodities, la sequía prolongada en la zona agrícola y la creciente presión de los sindicatos provocó una desaceleración del crecimiento (PIB 1,8 % en 2022) y un repunte de la inflación al 7,5 %. La respuesta del gobierno, basada en ajustes fiscales y recortes al gasto público, generó descontento entre amplios sectores sociales.
Esta desaprobación récord refleja el desgaste acumulado tras meses de tensión social y económica.
Factores estructurales que alimentan la desaprobación
El estudio de Ipsos señala tres variables como determinantes de la actual desaprobación: la percepción de corrupción, la gestión de la crisis energética y la falta de respuestas efectivas a la inflación. Expertos de la Universidad Nacional, como la politóloga Ana Larrañaga, advierten que “la pérdida de confianza se consolida cuando la ciudadanía percibe que los beneficios de la reforma fiscal no llegan a la población más vulnerable”.
En el plano de la corrupción, el caso “Operación Aurora”, que investiga presuntos desvíos de fondos del Programa Nacional de Infraestructura, ha sido citado por la oposición como prueba de una “cultura de impunidad”. El Ministerio de Transparencia, por su parte, ha defendido la inocencia del Ejecutivo, argumentando que “las investigaciones están en fase preliminar y no se ha demostrado delito alguno”.
La crisis energética, desencadenada por la escasez de gas natural y la dependencia de importaciones, ha provocado apagones intermitentes en la capital y en provincias clave. La Comisión de Energía del Congreso ha solicitado al Ejecutivo un plan de contingencia, mientras que la empresa estatal ENERGIA NACIONAL ha anunciado una inversión de US$ 1.200 millones para diversificar la matriz energética.
Reacciones institucionales y de la oposición
El Congreso ha sido escenario de intensos debates. El líder opositor María Fernández, presidenta del Frente Popular, ha convocado a una serie de manifestaciones en la Plaza de la República, denunciando “un gobierno que ha traicionado sus promesas”. En una entrevista reciente, Fernández declaró: “La gente ya no confía en las instituciones; la única salida es la renovación política”.
Por su parte, el Banco Central ha emitido comunicados en los que recalca la necesidad de mantener la estabilidad macroeconómica, pese a la presión inflacionaria. El gobernador del banco, Luis Méndez, señaló que “las políticas monetarias están alineadas con los objetivos de inflación del gobierno, pero la coyuntura externa complica la tarea”.
En el ámbito internacional, la agencia Reuters ha señalado que la “creciente desaprobación del Gobierno de Orsi podría traducirse en una mayor volatilidad de los mercados emergentes de la región”. Analistas de Bloomberg advierten que la fuga de capitales podría intensificarse si no se presentan reformas estructurales que restauren la confianza de los inversores.
Escenarios de futuro y posibles rutas de salida
Ante este panorama, los analistas políticos dibujan tres escenarios plausibles. El primero, “reajuste de políticas”, contempla la adopción de medidas de alivio social, como la ampliación del subsidio al gas y la revisión de la Ley de Incentivos, para mitigar el descontento popular. El segundo, “cambio de gabinete”, sugiere que Orsi podría renovar su equipo ministerial, incorporando figuras con mayor aceptación pública, como la economista Carla Ríos, quien ha sido mencionada como posible nueva ministra de Economía.
El tercer escenario, más dramático, implica la convocatoria de elecciones anticipadas, una opción que, según el constitucionalista Jorge Salinas, “solo sería viable si el Congreso aprueba una reforma constitucional que permita la disolución temprana del Parlamento”. Sin embargo, la mayoría de los partidos de la Cámara baja se han mostrado reacios a abrir esa puerta, temiendo un vacío institucional que podría desestabilizar aún más al país.
En conclusión, la actual ola de desaprobación del Gobierno de Orsi no es un fenómeno aislado, sino el resultado de una confluencia de factores económicos, sociales y políticos. La capacidad del Ejecutivo para revertir la tendencia dependerá de su disposición a reconocer los errores, a dialogar con la oposición y a implementar reformas que reconozcan las demandas de una ciudadanía cada vez más exigente. El futuro político del país pende de un delicado equilibrio entre la necesidad de estabilidad y la presión de un electorado que, según la última encuesta, ya no confía en la dirección actual. La desaprobación del Gobierno de Orsi seguirá siendo el termómetro político central de los próximos meses.
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