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Zuzana Kostolna, ciudadana checa, y el chef uruguayo Andrés Basaistegui, conocido como Tomate, fundaron un emprendimiento gastronómico en Uruguay tras una llegada inesperada en un vuelo barato. Llegaron al país antes de la pandemia de COVID‑19, que redefinió sus planes y los llevó a instalarse definitivamente. Hoy gestionan tres locales, aunque enfrentan desafíos administrativos y financieros típicos de los pequeños empresarios uruguayos.
Tabla de contenidos
El arribo inesperado y la decisión de quedarse
Zuzana Kostolna dejó la República Checa a los 19 años y, tras ocho años de viajes como mochilera, tomó un vuelo desde Australia al menor costo disponible, llegando a Montevideo. La pandemia de COVID‑19, que estalló poco después de su llegada, modificó sus planes de tránsito y la obligó a replantear su futuro.
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Sin visa, sin dominio del español y con escasas oportunidades laborales, decidió que Uruguay sería su nuevo hogar, citando el alto costo de vida y la falta de opciones como motivos para permanecer.
Los primeros pasos en la gastronomía sin idioma
Sin hablar español, Zuzana comenzó a vender dulces en una mesa improvisada en la feria de Piriápolis, pese a ser expulsada en tres ocasiones. La persistencia la llevó a encontrar un puesto estable donde la comunidad local aceptó sus productos, lo que le permitió generar ingresos básicos.
Fue en un entrenamiento de artes marciales donde conoció a Andrés Basaistegui, apodado Tomate, quien ya contaba con una sólida trayectoria culinaria en Uruguay; juntos combinaron sus conocimientos y decidieron emprender en conjunto.
El crecimiento y los retos burocráticos
En menos de tres años la pareja amplió su negocio, abriendo tres cafeterías que fueron reformadas con su propio trabajo y recursos limitados. Sin embargo, la falta de experiencia en gestión empresarial provocó problemas con el Banco de Previsión Social (BPS), que casi les impone una multa de $360.000 por un trámite incompleto.
La sanción fue finalmente reducida, pero el episodio generó un debate sobre la complejidad de los trámites para emprendedores extranjeros en Uruguay.
Consolidación del negocio y reconocimiento local
Tras varios años de trabajo constante, el café Zuzana & Tomate se posicionó como un punto de referencia en el barrio Palermo de Montevideo. La propuesta, que combina granos de origen uruguayo con técnicas de preparación aprendidas durante los viajes de Zuzana, ha sido destacada en guías gastronómicas locales y ha recibido menciones en medios especializados.
Además, el espacio se ha convertido en un punto de encuentro para artistas y emprendedores, organizando exposiciones y charlas que refuerzan su vínculo con la comunidad.
Retos y proyecciones a futuro
A pesar del éxito consolidado, la propietaria reconoce que el sector sigue enfrentando desafíos, como la volatilidad de los precios del café y la necesidad de mantener prácticas sostenibles. En respuesta, ha iniciado un programa de capacitación para jóvenes del barrio, con el objetivo de crear una cadena de valor que incluya a productores locales.
Asimismo, Zuzana contempla la apertura de una segunda sucursal en la zona norte de la ciudad, manteniendo el enfoque en la calidad artesanal y el compromiso social que caracterizan a la marca.
Perspectivas futuras y legado
A medida que la cadena de cafés de Zuzana y Tomate consolida su presencia en la escena urbana uruguaya, el proyecto se perfila como un referente de emprendimiento femenino y de fusión cultural. La propietaria ha anunciado la intención de ampliar la oferta a talleres de preparación de café y a eventos de música local, buscando crear un espacio de encuentro que trascienda la mera venta de bebidas.
Asimismo, la marca ha comenzado a explorar alianzas con cooperativas agrícolas para garantizar la procedencia sostenible del grano, lo que refuerza su compromiso con la economía local y con prácticas responsables. Estas iniciativas apuntan a que la historia de Zuzana siga inspirando a nuevas generaciones de mochileras y emprendedoras que ven en la experiencia viajera una fuente de ideas para proyectos con impacto social y económico.
Conclusión:
La trayectoria de Zuzana, quien llegó a Uruguay como mochilera y hoy dirige una red de cafés que se ha convertido en punto de referencia para la comunidad, ilustra el potencial transformador del emprendimiento basado en la pasión y la resiliencia.
Su historia combina la búsqueda personal de identidad con la creación de valor colectivo, al tiempo que refuerza la imagen de Uruguay como un país abierto a la diversidad cultural y a la iniciativa privada. Al consolidar su modelo de negocio en torno a la calidad del producto, la sostenibilidad y la inclusión, Zuzana no solo ha construido una marca, sino también un espacio de intercambio cultural que nutre a la sociedad.
El futuro de la cadena parece orientado a seguir creciendo de manera responsable, manteniendo la esencia de aquel viaje que, con una maleta y un sueño, dio origen a una nueva forma de hacer café en el país.
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