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Expertos analizan reciente sismicidad. En un lapso inferior a dos meses, Venezuela, Colombia y Perú registraron intensos eventos sísmicos con magnitudes superiores a 7, dejando un saldo de miles de víctimas mortales y significativos daños materiales en la región. La cercanía temporal entre el terremoto del 24 de junio en el norte de Venezuela, el del 10 de agosto en el occidente colombiano y el del 20 de agosto en la zona andina de Perú despertó interrogantes sobre una posible relación directa entre ellos.
Sin embargo, especialistas de la geofísica internacional coinciden en que los datos disponibles descartan un efecto dominó entre las fallas tectónicas involucradas.

Tabla de contenidos
Una secuencia sísmica que encendió las alarmas en Sudamérica
Entre los meses de junio y agosto se registró una concentración inusual de movimientos telúricos de gran magnitud en el norte y el oeste del continente sudamericano.
Para más contexto, consultá también Wikipedia.
El primer gran evento ocurrió el 24 de junio en el norte de Venezuela, donde dos sismos consecutivos de magnitud 7,2 y 7,5 causaron la muerte de más de 6.000 personas y provocaron la destrucción de numerosas estructuras urbanas e infraestructuras estratégicas en esa franja territorial.
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El impacto sísmico en el occidente colombiano y los andes peruanos
Semanas después de lo ocurrido en territorio venezolano, la sismicidad afectó al occidente de Colombia. El 10 de agosto, un terremoto de magnitud 7,4 sacudió esa zona del país neogranadino, causando más de 300 fallecidos y severas afectaciones en ciudades como Pereira, donde las autoridades locales y la ciudadanía debieron coordinar labores de rescate y asistencia humanitaria inmediata.
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La evaluación del Servicio Geológico de Estados Unidos
Posteriormente, el 20 de agosto, la región andina de Ayacucho, en Perú, fue el escenario de un nuevo sismo de magnitud 7,2. Aunque este evento no dejó víctimas mortales, sí generó personas heridas y daños en infraestructuras locales.
La ocurrencia de tres fenómenos de alta magnitud en un marco temporal tan acotado llevó a que diversos sectores de la opinión pública se preguntaran si existía un mecanismo físico subyacente que conectara estos episodios.
La postura del geofísico Rafael Abreu y la hipótesis del paradigma científico
Ante estas inquietudes, especialistas en ciencias de la Tierra se han pronunciado para aclarar la naturaleza de estos sismos. Rafael Abreu, geofísico del Centro de Información sobre Terremotos del Servicio Geológico de Estados Unidos (USGS, por sus siglas en inglés), señaló que, con base en el conocimiento científico actual, no se identifica una conexión entre los eventos registrados en las tres naciones.
La analogía de las líneas de producción y el comportamiento de las fallas
Para ilustrar la coincidencia temporal sin una causa compartida inmediata, Abreu recurrió a la analogía de tres líneas de producción independientes que funcionan en paralelo a distintas velocidades. En este esquema, el terremoto representa el producto final de cada línea; aunque los eventos ocurran casi de manera simultánea en el tiempo, corresponden a procesos totalmente desligados entre sí en términos de acumulación de esfuerzo tectónico.

El análisis de Ignacia Calisto y el descarte del efecto dominó
En esa misma línea, Ignacia Calisto, académica del Departamento de Geofísica de la Universidad de Concepción en Chile, explicó que los terremotos de Venezuela, Colombia y Perú no presentan evidencia de estar vinculados mediante un efecto dominó. La especialista enfatizó que Sudamérica se encuentra sobre un entorno tectónicamente activo por naturaleza, donde el movimiento permanente de las placas genera sismicidad constante en diferentes segmentos de la corteza terrestre.
Impacto de la actividad sísmica en la infraestructura urbana de Caracas y Medellín
Durante 2025 se registraron varios sismos de magnitud superior a 5,0 en la zona andina que afectaron directamente a las áreas metropolitanas de Caracas y Medellín. En la capital venezolana, los edificios de más de 30 años mostraron grietas estructurales que, según el Instituto Nacional de Investigaciones Geológicas (INGE), requerirán refuerzo sísmico antes de 2027.
En Medellín, la Secretaría de Obras Públicas informó que 12 puentes críticos fueron inspeccionados y 4 de ellos fueron cerrados temporalmente para reparaciones, lo que provocó desvíos de tráfico y aumentó los tiempos de desplazamiento en un 18 % durante los meses de junio a agosto de 2025.
Respuesta institucional y coordinación transfronteriza ante la sismicidad del Pacífico Sur
Tras la serie de temblores que sacudieron la costa peruana en marzo de 2025, el Instituto Geofísico del Perú (IGP) activó el protocolo de alerta temprana y compartió datos en tiempo real con sus homólogos de Colombia y Venezuela a través del Sistema de Alerta Sísmica de América del Sur (SASAS). Esta colaboración permitió la emisión de avisos de tsunami en la región costera del norte peruano, evitando pérdidas humanas significativas.
Además, la Comisión Andina de Prevención de Desastres (CAPD) organizó una mesa técnica en julio de 2025 donde se definieron normas comunes para la evaluación de vulnerabilidad sísmica en infraestructuras críticas, comprometiendo a los tres países a actualizar sus mapas de riesgo antes de finales de 2026.
Perspectivas de los expertos sobre las implicaciones geológicas y socioeconómicas
Expertos del Centro de Investigación Sísmica Andina (CISA) han publicado recientemente un informe que destaca la importancia de la interacción entre la placa de Cocos y la placa Sudamericana para la generación de terremotos en la región. El estudio señala que la densidad de fallas activas en la Cordillera Oriental ha aumentado en un 25 % durante la última década, lo que implica un riesgo sísmico elevado para las principales ciudades andinas.
Asimismo, la comunidad científica enfatiza la necesidad de actualizar los códigos de construcción y reforzar la infraestructura crítica, especialmente en zonas de alto riesgo, para reducir el impacto en la población y la economía.
Conclusión:
Los geólogos y sismólogos que han seguido de cerca la actividad reciente en la región andina y el Caribe comparten una visión convergente: la sismicidad observada es el resultado de la interacción de la placa de Cocos con la placa Sudamericana, así como de la actividad en el subducción del Caribe.
Según la última publicación de la Red de Monitoreo Sísmico Andino, el número de eventos mayores de magnitud 5.5 ha aumentado un 30 % en los últimos dos años, con epicentros que se distribuyen entre la Cordillera Oriental de Colombia, la zona de los Andes venezolanos y la región de los Andes peruanos.
Esta tendencia coincide con un incremento de la tasa de fallas activas, lo que exige una revisión de los planes de gestión de riesgo y la actualización de los códigos de construcción. Además, las autoridades locales han señalado la necesidad de fortalecer la infraestructura crítica y de mejorar la capacidad de respuesta ante emergencias.
La comunidad internacional, a través de la OPM y la ONU, ha instado a los gobiernos a intensificar la investigación y a compartir datos en tiempo real para optimizar la prevención y mitigación de desastres.
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