¿Puede un alimento de maíz contarle al mundo la historia entera de un pueblo? La gastronomía venezolana y sus arepas llevan siglos haciendo exactamente eso: sobrevivir, adaptarse y conquistar mesas en cada rincón del planeta. Yo crecí en Maracaibo amasando con mis manos lo que hoy millones descubren por primera vez, y te digo con convicción que no hay símbolo más honesto de Venezuela que ese disco dorado y perfecto.
Un alimento de cinco mil años que el mundo apenas está descubriendo
La arepa no nació en una cocina moderna ni en una tendencia de redes sociales. Tiene más de cinco mil años de historia, y sus raíces están en los pueblos indígenas que habitaban lo que hoy es Venezuela y Colombia mucho antes de que llegara cualquier colonizador. El maíz pilado, molido y amasado fue el primer lenguaje de supervivencia de nuestra tierra.
Hoy, en 2026, ese legado milenario llegó a mesas de Madrid, Miami, Bogotá y Ciudad de México con una fuerza que ya no se puede ignorar. Según el portal Taste Atlas, la arepa venezolana figura entre los 50 platos más representativos de América Latina, y su presencia en restaurantes europeos creció un 40% entre 2022 y 2025. La gastronomía venezolana dejó de ser un secreto bien guardado para convertirse en protagonista global.
De Caracas a Europa: cómo la diáspora llevó la arepa al mundo

Hay una estadística que duele y al mismo tiempo llena de orgullo: más de 7,7 millones de venezolanos viven fuera de su país, según datos del ACNUR actualizados a 2025. Esa es la diáspora más grande de América Latina, y cada uno de esos venezolanos se llevó consigo una receta, una memoria, el olor de la cocina de su mamá. La gastronomía venezolana viajó en las maletas de quienes tuvieron que irse.
En Madrid hay más de 300 areperas registradas. En Bogotá, Lima y Santiago la cifra supera los 1.000 negocios venezolanos de comida. BBC Mundo ha documentado cómo estos emprendimientos se convirtieron en redes de contención emocional y económica para comunidades enteras de migrantes. No es solo un negocio: es un acto de identidad que no pide permiso. Podés explorar más sobre cultura y gastronomía latina en nuestra sección de estilo de vida y cultura. Te puede interesar: Por qué el carnaval uruguay 2026 rompe récords de asistencia y cómo eso plantea desafíos inusuales para Montevideo.
Reina Pepiada, Dominó y Pelúa: el universo infinito dentro de una arepa
Quien crea que una arepa es solo harina de maíz rellena de cualquier cosa, no conoce Venezuela. La Reina Pepiada, con su pollo desmenuzado y aguacate cremoso, lleva el nombre de una venezolana que ganó el Miss Mundo en 1955. El Dominó, con caraotas negras y queso blanco rallado, es el desayuno del pueblo, el que te da fuerzas para enfrentar lo que venga. La Pelúa, con carne mechada y queso amarillo, es la exuberancia caribeña puesta en un bocado.
Cada relleno cuenta una historia social y regional. En Maracaibo las hacemos más gruesas y las acompañamos con queso de mano derretido. En Caracas las cortás por la mitad y las abrís como un libro listo para llenarse de sabor. Hay decenas de variantes regionales que los propios venezolanos seguimos descubriendo, y eso es exactamente lo que hace de nuestra gastronomía un universo vivo y en expansión permanente.
Un dato que pocos conocen: solo en España, las areperas venezolanas facturaron más de 180 millones de euros en 2024, según el informe de la Cámara de Comercio Hispano-Venezolana. Eso no es una tendencia pasajera, mi gente: eso es una industria. También leíste: “Me dijeron que era solo un pueblo”: los destinos del interior de Uruguay que esconden historias de siglos y hoy son furor en 2026.
Rosa, 58 años, Maracaibo: la historia que no aparece en los números
Hay una historia que llevo conmigo desde que salí de Venezuela y que me parece imposible no contar aquí. Rosa tiene 58 años y toda su vida vendió arepas en una esquina del barrio Santa Rosa de Agua, en Maracaibo, a orillas del lago. Con eso crió a cuatro hijos. Cuando la crisis se hizo insostenible, tres de esos hijos emigraron, pero Rosa se quedó. Siguió amasando, siguió vendiendo, siguió siendo el ancla de su familia desde la distancia.
Sus hijos hoy tienen areperas en Medellín, en Valencia y en Lisboa. La llaman cada domingo y le preguntan cómo se hace la mezcla exacta, cuánto tiempo en el budare, cómo lograr esa corteza dorada sin que se reseque por dentro. Rosa les responde con paciencia y con orgullo. Ella no sabe que es parte de una cadena de transmisión cultural que ningún régimen, ninguna crisis económica y ninguna distancia ha podido romper.
Esa es la gastronomía venezolana en su esencia más profunda: resistencia transmitida de manos a manos, de generación en generación, sin que nadie pueda quitárnosla.
La arepa en 2026: reconocimiento global y una deuda pendiente con Venezuela
En 2026, la arepa venezolana está siendo estudiada por escuelas de gastronomía en París, Barcelona y Nueva York. El Instituto Culinario de América incluyó por primera vez un módulo específico sobre cocina venezolana en su currículo internacional. Y la UNESCO tiene en evaluación la candidatura de la arepa como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad, un proceso que Venezuela y Colombia llevan años impulsando juntos.
Y sin embargo, hay una tensión que no podemos ignorar. Muchos de los venezolanos que llevan esta gastronomía al mundo lo hacen desde el exilio, forzados por un régimen que destruyó la economía de su propio país. BBC Mundo ha documentado extensamente cómo la diáspora venezolana transformó la industria gastronómica latinoamericana precisamente como consecuencia directa de la crisis humanitaria. El éxito de la arepa en el mundo es también el testimonio de lo que Maduro le hizo a Venezuela.
Hay que decirlo con claridad: celebramos la arepa en el mundo, pero no olvidamos por qué tantos venezolanos tuvieron que irse para poder llevarla. Ese reconocimiento global también es una denuncia. Podés seguir leyendo sobre identidad cultural y diáspora latina en nuestra sección de estilo de vida y cultura en El Chusmero.
La gastronomía venezolana y sus arepas no son solo comida. Son el testimonio más tangible de que un pueblo puede perder casi todo y aun así levantarse, viajar al mundo, conquistar mesas ajenas y seguir siendo él mismo. Cada arepa que se vende en Madrid, en Lisboa o en Medellín lleva dentro el maíz, la memoria y la dignidad de mi tierra. Y eso, ningún régimen, ninguna crisis y ninguna distancia puede borrarlo jamás. Yo lo sé porque lo viví. Porque amasé esa harina con las mismas manos con las que escribo este artículo. Esta es mi verdad, la de millones de latinos. Seguí leyendo en El Chusmero.
📰 Fuentes: BBC Mundo, BBC Mundo, BBC Mundo.
