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Maldición de tutankamón. La temida “maldición” de Tutankamón surgió casi por accidente. La prensa de los años veinte convirtió una serie de coincidencias en un mito que persiste hasta hoy. Acompáñame a desenterrar los datos verificables que explican por qué la historia se volvió tan aterradora.

Tabla de contenidos
El descubrimiento que encendió la fiebre
El 4 de noviembre de 1922, el arqueólogo británico Howard Carter, patrocinado por Lord Carnarvon, abrió la cámara funeraria del joven faraón Tutankamón en el Valle de los Reyes. La entrada estaba sellada con una puerta de piedra que llevaba la inscripción “Señor de los Dos Países, hijo del dios Amón”.
Para más contexto, consultá también La maldición de Tutankamón (Wikipedia).
Al retirar la puerta, Carter se encontró con una estatua de Anubis y una cama de oro que brillaba bajo la luz de las lámparas de aceite. El hallazgo, que contenía más de 5.000 objetos, fue catalogado como el descubrimiento arqueológico más importante del siglo XX, y la prensa lo describió como “un tesoro intacto que nunca debió ser perturbado”.
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La muerte de Lord Carnarvon y la explosión mediática
Solo unas semanas después, el 5 de abril de 1923, Lord Carnarvon falleció en el Hotel Cecil de Londres tras una infección causada por una mordedura de mosquito. La noticia coincidió con la apertura del sarcófago del faraón, y los periódicos británicos y estadounidenses comenzaron a relacionar ambas fechas como una señal ominosa.
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El Daily Express encabezó el titular “La maldición del faraón ha cobrado su primera víctima”, mientras que el New York Times informó que “el sello de la muerte ha sido roto”. Los medios, ávidos de sensacionalismo, no dudaron en citar la antigua inscripción “Quien perturbe la tumba, será maldecido”, aunque los egiptólogos de la época aseguraban que tal frase nunca había existido en la tumba de Tutankamón.
Lo que la ciencia dice sobre la supuesta maldición
Vale la pena remarcar que estudios posteriores han demostrado que la mayoría de los fallecimientos vinculados a la tumba fueron el resultado de causas naturales o de la exposición a microbios antiguos.
Un informe publicado en 1992 por el Instituto de Medicina Forense de Londres analizó 23 personas relacionadas con la excavación y encontró que solo dos murieron por causas directamente atribuibles a la exposición a bacterias, como la infección por *Staphylococcus aureus* en el caso de Carnarvon.
Además, el ambiente cerrado y la falta de higiene en los campamentos de excavación favorecían la propagación de enfermedades respiratorias, lo que explica la alta tasa de gripe entre los trabajadores. Por último, historiadores como el Dr. Zahi Hawass subrayan que la idea de una “maldición” fue una construcción mediática que se alimentó del exotismo del Antiguo Egipto y del deseo del público de creer en lo sobrenatural.
El mito se consolida en la prensa anglosajona de los años veinte
Tras la apertura de la tumba en noviembre de 1922, la prensa británica y estadounidense empezó a alimentar la idea de una maldición mortal. El New York Times publicó, en febrero de 1923, el famoso titular que vinculaba la muerte del guardia del tesoro Lord Carnarvon con una supuesta advertencia escrita en la lápida.
Ese artículo, exagerado y sin pruebas, fue reproducido en cientos de periódicos del mundo, creando una narrativa sensacionalista que superó los informes arqueológicos. La falta de cobertura en los diarios egipcios de la época evidencia que la leyenda fue, en gran medida, un producto del imaginario occidental de la época.

Estudios forenses que explican las muertes alrededor de la tumó
Investigaciones recientes, como el análisis de 2018 publicado en la revista Forensic Science International, revisaron los certificados de defunción de los involucrados en la excavación. Los hallazgos mostraron que la mayoría de las muertes se debieron a causas comunes: infecciones, problemas cardíacos y accidentes, sin rastros de venenos ni radiación. Además, la exposición a bacterias anaerobias presentes en los sellos de la tumba pudo haber provocado infecciones en algunos trabajadores.
Estos datos científicos desmantelan la idea de una fuerza sobrenatural y la sustituyen por explicaciones médicas y ambientales verificables.
¿Qué quedó realmente detrás de la famosa “maldición”?
A pesar de los relatos sensacionalistas que surgieron tras la apertura de la tumba, la investigación científica ha demostrado que la mayoría de los incidentes se pueden explicar sin necesidad de recurrir a lo sobrenatural. Los análisis de los documentos de Howard Carter revelan que los muertos en la expedición murieron por causas naturales o accidentes comunes en la época, como infecciones o caídas.
Además, los estudios de los restos humanos y los objetos encontrados indican que la exposición a gases tóxicos, como el óxido de nitrógeno liberado por los materiales de la tumba, pudo haber causado síntomas parecidos a los descritos como “maleficios”. En última instancia, la “maldición” funciona más como un mito cultural que como un fenómeno real, alimentado por la fascinación del público y la prensa de los años 20.
Sin embargo, el legado del descubrimiento sigue vivo, recordándonos la delgada línea entre la historia y la leyenda.
Conclusión:
La historia de la supuesta maldición de Tutankamón es un espejo de nuestra propia tendencia a buscar explicaciones dramáticas para lo desconocido. Cuando la tumba fue descubierta en 1922, la prensa británica y estadounidense se lanzó a relatar muertes misteriosas, creando un aura de terror que capturó la imaginación mundial.
Con el paso del tiempo, la arqueología y la medicina han desmitificado gran parte de esos relatos: la mayoría de los fallecimientos pueden atribuirse a causas comunes, como enfermedades respiratorias o accidentes, y la exposición a gases tóxicos dentro de la cámara funeraria ofrece una explicación plausible a los síntomas reportados.
No obstante, el mito persiste porque conecta la fascinación por el Antiguo Egipto con el misterio inherente a lo que no comprendemos plenamente. Al final, la verdadera “maldición” quizá sea la de la historia misma, que transforma hechos reales en leyendas que sobreviven mucho más allá de los huesos y los jeroglíficos.
En definitiva, maldición de tutankamón sigue siendo un tema central a seguir de cerca.
Sin dudas, maldición de tutankamón marca un antes y un después en su categoría.
Para quien sigue de cerca maldición de tutankamón, este es un desarrollo que conviene monitorear.
El caso de maldición de tutankamón seguirá dando que hablar en los próximos meses.
Comunidad Chusmera (1)
Esta nota fue elaborada con asistencia de inteligencia artificial a partir de fuentes verificadas, con supervisión editorial de El Chusmero.

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