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Más extremo del mundo. ¿Alguna vez has pensado cuánto se necesita para cruzar un desierto en 6 días? O bien, correr a más de 5.000 metros de altura? El mundo del running tiene tres eventos que parecen sacados de una película de supervivencia, cada uno con cifras que te harán perder el aliento.

Tabla de contenidos
Marathon des Sables: el desierto como maratón de 250 km
El Marathon des Sables, organizado por la francesa WAA (What An Adventure), se celebra cada verano en el Sahara, en el desierto de Marruecos. Los participantes recorren aproximadamente 250 kilómetros repartidos en seis jornadas, lo que equivale a correr casi 6 maratones en un solo día.
Para más contexto, consultá también El maratón más extremo del mundo (Wikipedia).
Las temperaturas pueden superar los 50 °C durante el día, mientras que las noches caen a 12 °C, creando un contraste extremo que exige una preparación física y mental rigurosa. Cada corredor debe llevar su propio equipo de supervivencia, desde agua y alimentos hasta un refugio improvisado, y el ritmo se mantiene en torno a 40 km por día, una distancia que en la vida cotidiana se lograría en más de 16 horas de esfuerzo continuo.
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El evento es una prueba de resistencia física y logística; el equipo debe transportar todo lo necesario, ya que no hay suministros disponibles en el camino. El número de participantes varía entre 200 y 300 cada año, y el 100 % de los corredores que terminan lo hacen en menos de 7 días, lo que demuestra la impresionante capacidad de adaptación humana a condiciones extremas.
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Aunque no se considera una carrera oficial de maratón tradicional, su reputación como la prueba más dura del planeta la convierte en un referente para cualquier atleta que busque llevar su límite al extremo.
Everest Marathon: 42 km a más de 5 000 metros de altura
El Everest Marathon se lleva a cabo en la región de Khumbu, cerca del pico más alto del mundo. La ruta de 42 km comienza en la base del Everest, a 5 200 m de altitud, y culmina en la cima del Campamento 3, donde la temperatura puede bajar a -10 °C incluso en verano.
La falta de oxígeno, con una concentración del 55 % de la atmósfera a nivel mar, obliga a los corredores a usar máscaras de oxígeno y a aclimatarse durante días antes de intentar la carrera.
La distancia es comparable a un maratón estándar, pero la altitud convierte cada kilómetro en una prueba de vida. Los corredores deben completar la ruta en 12 a 14 horas, tiempo en el que el aire se vuelve cada vez más delgado y el cuerpo lucha por mantener la energía. El evento atrae a unos 20 atletas al año, muchos de ellos con experiencia en montañismo y carreras de ultradistancia.
Este maratón no es solo una carrera, sino una expedición de supervivencia. La logística implica el traslado de suministros, la coordinación de guías y la gestión de riesgos climáticos, lo que lo convierte en uno de los desafíos más complejos para cualquier equipo deportivo.
Maratón del Desierto del Sahara – el Marathon des Sables
Vale la pena remarcar que el Marathon des Sables, organizado cada año en abril por la empresa WAA, es una carrera de ultra‑maratón que cubre aproximadamente 250 km en seis etapas a través del desierto del Sahara marroquí. Los participantes deben llevar todo su equipamiento, alimentos y agua, ya que la única asistencia oficial se limita a los puntos de control donde se permite reabastecerse.
Las temperaturas diurnas superan los 45 °C y las nocturnas pueden descender bajo los 5 °C, lo que convierte al Sahara en un auténtico horno de arena y hielo.
Más de 2 000 km de terreno se recorren a pie y en carrera, lo que equivale a casi seis veces la distancia de un maratón tradicional, y el récord de finalización más rápido (2023) fue de 20 horas 45 minutos, una hazaña que deja en evidencia la dureza del entorno.

Maratón del Polo Norte – la carrera más fría del planeta
Desde 2005, la organización Arctic Marathon ha puesto en marcha la Maratón del Polo Norte, una prueba que se celebra en el punto geográfico del Polo Norte, sobre una capa de hielo flotante de entre 1 y 2 metros de espesor. Los corredores cubren la distancia clásica de 42,195 km mientras el termómetro marca entre –30 °C y –40 °C, y el viento puede alcanzar velocidades de 20 km/h, creando una sensación térmica aún más extrema.
Cada participante lleva un traje térmico especializado y un sistema de hidratación que evita la congelación del líquido. En 2022, la ganadora femenina, la británica Emma Richardson, completó la prueba en 4 horas 12 minutos, demostrando que, a pesar del clima gélido, el ritmo de carrera puede mantenerse sorprendentemente alto.
¿Qué sigue para los ultramaratonistas?
Los corredores que han completado el Desierto de Atacama, la Ruta del Himalaya y la Carrera del Ártico no solo han batido marcas personales, sino que han redefinido los límites del cuerpo humano.
Cada prueba ha impulsado a organizadores y atletas a explorar terrenos aún más inhóspitos: desde la selva amazónica, con su humedad constante y fauna peligrosa, hasta los glaciares de la Antártida, donde la temperatura bajo cero y la altitud combinan desafíos extremos. La comunidad de ultramaratón está en constante evolución, y los foros de corredores ya discuten la viabilidad de una carrera transcontinental que cruce varios continentes en una sola prueba.
Sin duda, la próxima gran hazaña surgirá de la combinación de avances tecnológicos –como ropa térmica de última generación y dispositivos de monitoreo en tiempo real– y la incansable voluntad de los atletas que buscan superar lo imposible.
Conclusión:
En los últimos años, el concepto de maratón ha dejado de ser una simple prueba de resistencia para convertirse en una verdadera odisea humana. Las tres carreras más extremas del planeta –el Desierto de Atacama, la Ruta del Himalaya y la Carrera del Ártico– demuestran que el límite no está en la distancia, sino en la capacidad de adaptarse a entornos hostiles donde la naturaleza impone sus propias reglas.
Cada paso que dan los participantes se convierte en un testimonio de ingenio, entrenamiento meticuloso y una mentalidad que rechaza el miedo. Al observar estos eventos, queda claro que la próxima frontera no será solo más larga o más fría, sino más compleja: combinar factores climáticos, geográficos y logísticos que desafíen tanto al cuerpo como a la mente.
Si algo nos enseña esta tendencia, es que la curiosidad humana sigue impulsando hazañas que, hace una década, parecían inimaginables. En definitiva, más extremo del mundo sigue siendo un tema central a seguir.
En definitiva, más extremo del mundo sigue siendo un tema central a seguir de cerca.
Sin dudas, más extremo del mundo marca un antes y un después en su categoría.
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