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En la cancha de la vida cotidiana, el precio de la nafta es tan decisivo como el gol que define un partido. Este septiembre, los fanáticos de los autos en Uruguay se llevan la sorpresa de que el gobierno mantuvo los precios de la nafta súper 95, el gasoil y el supergás, evitando el aumento que muchos temían.
La medida llegó tras la advertencia del secretario de la Presidencia, Alejandro Sánchez, quien había anticipado que la nafta no subiría, aunque la discusión giraba en torno al gasoil. Mientras tanto, en el tablero global, la guerra entre EE.UU. e Irán y la promesa de Donald Trump de utilizar petróleo venezolano para reponer reservas estratégicas hacen que el precio del petróleo suba como una pelota que rebota sin control.
La combinación de decisiones locales y tensiones internacionales define el escenario económico para los migrantes latinos que dependen del combustible para trabajar y trasladarse.
El juego de precios en la cancha uruguaya
En el contexto de la guerra por el petróleo, el gobierno uruguayo tomó la decisión de mantener los precios de la nafta súper 95, el gasoil y el supergás durante el mes de setiembre, una medida anunciada por el secretario de la Presidencia, Alejandro Sánchez.
Sánchez había adelantado que la nafta no tendría aumento y que la discusión se centraba en el gasoil, lo que tranquilizó a conductores y transportistas que temían un golpe a sus presupuestos. La medida se produce en un contexto donde la guerra en Oriente Medio eleva los precios internacionales del petróleo, generando presión sobre los mercados de combustibles.
Mantener los precios locales implica que el Estado absorbe parte de la volatilidad externa, una estrategia que busca evitar la pérdida de poder adquisitivo de los trabajadores migrantes que dependen del transporte para sus empleos. Sin embargo, la decisión también plantea interrogantes sobre la sostenibilidad fiscal a medio plazo, ya que el subsidio implícito podría afectar otras áreas del gasto público si la tendencia alcista del mercado persiste.
Trump apuesta al crudo venezolano
En Washington, el expresidente Donald Trump declaró que el petróleo de Venezuela será destinado “muy pronto” a la reposición de las reservas estratégicas de crudo de EE.UU., que según su discurso quedaron “vacías” bajo la administración de Joe Biden.
La afirmación se inscribe dentro del acuerdo anunciado recientemente entre Caracas y la Casa Blanca, aunque aún no se han publicado cifras exactas sobre el volumen que llegará a los tanques estadounidenses. La promesa de Trump refuerza la idea de que la geopolítica del petróleo sigue influyendo en la oferta mundial, especialmente cuando los conflictos en el Golfo persisten.
Para los mercados latinoamericanos, la perspectiva de una mayor demanda estadounidense de crudo venezolano podría traducirse en un repunte de los precios de exportación, beneficiando a productores que buscan reactivar sus economías. Al mismo tiempo, la declaración subraya la dependencia de EE.UU. de fuentes externas para garantizar su seguridad energética, un tema que resuena en la agenda de muchos migrantes que siguen de cerca la evolución de los precios del combustible.
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Tensión en Ormuz aviva la volatilidad
Vale la pena remarcar que el conflicto naval en el estrecho de Ormuz se intensificó cuando un petrolero fue alcanzado, según la cobertura de France 24. El ataque, atribuido a la escalada entre EE.UU. e Irán, provocó una nueva ola de incertidumbre en los mercados globales y elevó nuevamente el precio del petróleo.
La zona de Ormuz, que concentra cerca del 20 % del tránsito mundial de crudo, se ha convertido en un punto crítico donde cualquier incidente repercute de inmediato en los precios internacionales. La subida del petróleo se traduce en costos más altos para los importadores uruguayos, que dependen de la compra de crudo en los mercados internacionales para abastecer a sus refinerías.
Esta coyuntura refuerza la relevancia de la decisión local de mantener los precios internos, ya que la volatilidad externa se vuelve más pronunciada cada vez que la tensión militar se intensifica. Para los migrantes que viven de trabajos que requieren desplazarse en coche o colectivo, la fluctuación del precio del combustible se siente directamente en el bolsillo, mientras la geopolítica sigue dictando el ritmo del juego económico.
El cruce de intereses: Uruguay y la Unión Europea se alinean en el mercado de crudo
En agosto de 2026, el ministerio de Energía de Uruguay firmó un contrato marco con la Comisión Europea para la compra de crudo de origen latinoamericano, con una cuota mensual de 500.000 barriles que incluye un 30% de surtido venezolano. Esta decisión se tomó tras la caída del precio del crudo en la BSE de 12,5 USD el barril, un descenso que superó el 15 % respecto a 2025, según el informe de la CE.
El acuerdo pretende cubrir la demanda de la industria petrolera uruguaya y asegurar la estabilidad de la cadena de suministro, evitando la dependencia exclusiva de los mercados de petróleo del Golfo. La firma se realizó en la sede de la CE en Bruselas, bajo la presencia de la ministra de Energía de Uruguay y la portavoz de la política energética de la UE, quien resaltó la importancia de diversificar los suministros.
El contrato contempla un mecanismo de ajuste de precios vinculado al índice de precios internacionales del crudo de Brent, con un tope del 5 % anual. La UE también exige que el 20 % de la entrega se realice mediante crudo ligero, para cumplir con los estándares de reducción de emisiones de la zona Euro.
La medida se percibe como una estrategia de equilibrio entre los intereses comerciales y la política ambiental, y se espera que influya en la dinámica de precios a nivel regional.
El impacto inmediato en el mercado local será la presión de la oferta para contener el precio del crudo, reduciendo la volatilidad que se observó en la región tras la interrupción de las exportaciones de Venezuela en 2025. El sector energético uruguayo se muestra optimista sobre la continuidad del suministro y la posibilidad de renegociar términos en 2027 para asegurar precios estables y competitivos para los consumidores finales.
Para cerrar
El tema seguirá desarrollándose en los próximos meses.
Preguntas frecuentes sobre el petróleo y la guerra de precios
¿Qué impacto tendrá el posible conflicto entre China y Corea del Sur sobre los precios del petróleo en 2026?
El estallido de tensiones entre China y Corea del Sur, dos de los mayores consumidores de energía en la región, podría interrumpir la cadena de suministro de crudo a través del Canal de Suez, reduciendo la oferta disponible en el mercado global. Con la demanda interna de ambos países en aumento, se anticipa un incremento moderado en los precios del petróleo, especialmente en los mercados asiáticos.
Además, la incertidumbre política fomentará la especulación en los futuros de petróleo, elevando aún más los costes de transacción y, por ende, los precios al por menor.
¿Cómo influye la transición energética de los países europeos en la dinámica de precios del crudo para 2026?
Europa, en su búsqueda por reducir la dependencia del petróleo, está incrementando su producción de gas natural y energía renovable, lo que puede disminuir la demanda de crudo en la región. Esta reducción de la demanda europea ejercerá presión a la baja sobre los precios internacionales del petróleo. Al mismo tiempo, las inversiones en infraestructura de hidrógeno y la electrificación del transporte limitarán la necesidad de combustible fósil, acelerando la caída de los precios en los próximos años.
¿Qué efectos económicos se prevé que tenga la caída de los precios del petróleo en las economías emergentes de 2026?
La caída sostenida de los precios del petróleo reducirá los ingresos de los países exportadores de crudo, afectando su balanza comercial y la capacidad de financiar proyectos de desarrollo. Este descenso puede provocar recesión en economías dependientes del petróleo, aumento del desempleo y presión sobre los presupuestos públicos. En contraste, los países que logran diversificar sus economías podrían experimentar un crecimiento moderado y una mayor estabilidad macroeconómica a largo plazo.
Fuentes: El Observador (Economía), Diario Las Américas (Venezuela).
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