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¿Sabías que la foca de Weddell puede sumergirse durante más de veinte minutos sin salir a la superficie? Este pinnípedo antártico combina una vida social muy unida con adaptaciones extremas al hielo. Acompáñame a explorar los rasgos que la convierten en una verdadera joya del sur polar.

Tabla de contenidos
Un nombre que honra a la historia
La foca de Weddell lleva el apellido de Sir James Weddell, el capitán británico que, a principios del siglo XIX, lideró la expedición que descubrió el mar que hoy lleva su nombre. En 1823, Weddell navegó entre los hielos antárticos y, al observar a estos mamíferos, los describió como “animales de gran resistencia”.
Para más contexto, consultá también La foca de Weddell (Wikipedia).
El reconocimiento científico llegó años después, cuando los naturalistas comenzaron a clasificarla dentro de la familia Phocidae, los verdaderos focos sin orejas externas. Este homenaje histórico nos recuerda cómo la exploración humana y la biología se entrelazan en los rincones más inhóspitos del planeta.
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Aunque su nombre evoca aventura, la foca de Weddell no es una especie migratoria. Sus movimientos se limitan a áreas donde el hielo marino se forma y se rompe cada año, lo que la mantiene anclada a la zona circumpolar del hemisferio sur. Esta permanencia local la diferencia de otras focas que atraviesan miles de kilómetros en busca de alimento o zonas de cría.
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Cómo sobrevive el hielo cambiante
La vida en la Antártida exige una adaptación constante al hielo que se expande y contrae con las estaciones. La foca de Weddell ha desarrollado una capa de grasa de hasta 10 cm que actúa como aislante térmico, permitiéndole mantener su temperatura corporal cerca de los 37 °C aun cuando el agua circundante está bajo cero. Además, su piel está cubierta por una densa capa de pelaje que retiene el calor y repele la humedad.
Cuando el hielo se rompe, estos animales no abandonan su territorio; simplemente se desplazan a grietas o a plataformas de hielo flotante cercanas. Sus aletas traseras, más robustas que las de otras focas, les otorgan una gran maniobrabilidad bajo el hielo, facilitando la búsqueda de respiraderos y la evasión de depredadores como las orcas.
En los últimos años, los científicos han observado que la variabilidad del hielo afecta la distribución de los bancos de kril, su principal fuente de alimento, pero la foca de Weddell parece ajustar sus rutas de caza de forma flexible.
Otro aspecto fascinante es su capacidad para detectar vibraciones a través de la nieve y el hielo. Utilizan sus bigotes sensibles, los vibrisas, para percibir corrientes de agua y la presencia de presas bajo la superficie. Esta habilidad les permite cazar en la oscuridad polar, donde la luz solar es escasa durante gran parte del año.
El arte de bucear: inmersiones que asombran
Una de las características más asombrosas de la foca de Weddell es su destreza para sumergirse a profundidades impresionantes. Estudios realizados por el Instituto Antártico Chileno y la Universidad de Washington han registrado inmersiones de más de 600 metros, con tiempos de permanencia bajo el agua que superan los 20 minutos. Para lograrlo, la foca reduce su ritmo cardíaco hasta un 10 % de su frecuencia en reposo, conservando oxígeno en sus músculos y sangre.
Durante la inmersión, la foca utiliza una combinación de oxígeno almacenado en la sangre y en la mioglobina muscular. Además, su sangre está rica en hemoglobina que transporta grandes cantidades de oxígeno, mientras que sus pulmones pueden colapsar parcialmente, evitando la absorción de nitrógeno y reduciendo el riesgo de enfermedad de descompresión.
Estas habilidades no solo le permiten cazar calamares y peces de aguas profundas, sino también explorar cuevas submarinas bajo el hielo, un comportamiento que todavía despierta el interés de los biólogos marinos. Cada inmersión es una lección de fisiología adaptada al extremo, y nos muestra cuán ingeniosa puede ser la vida en los confines helados del planeta.
Adaptaciones extremas al frío y al hielo
La foca de Weddell posee una capa de grasa subcutánea que puede llegar a medir hasta 30 cm en los machos adultos, una de las más gruesas entre los mamíferos marinos. Este depósito de grasa actúa como aislante térmico y reserva energética, permitiéndoles sobrevivir a temperaturas bajo cero durante largos períodos.
Además, su pelaje está compuesto por más de 30 000 pelos por centímetro cuadrado, lo que reduce la pérdida de calor por evaporación y facilita la flotación en el hielo. Las glándulas sudoríparas, que son escasas, están adaptadas para excretar sal sin perder agua, algo esencial en un entorno donde la deshidratación es un riesgo constante.
La combinación de blubber, pelaje denso y fisiología especializada les permite mantener la temperatura corporal a unos 36 °C, incluso cuando el agua circundante está a -1 °C.

Comunicación y vida social en el hielo
Las focas de Weddell se comunican principalmente mediante una variedad de vocalizaciones que pueden alcanzar hasta 120 dB, lo que les ayuda a localizar a compañeros en la nieve o bajo el hielo. Se ha observado que utilizan tanto sonidos de baja frecuencia, que viajan largas distancias, como chirridos agudos para interacciones cercanas, especialmente durante la crianza.
Los machos despliegan un comportamiento de “cortejo” durante la temporada de apareamiento, donde emiten chirridos específicos que actúan como señales de dominancia y atracción. La maternidad es una de las más protectoras entre los pinnípedos: la madre permanece con el cría durante más de 12 meses, alimentándolo con leche rica en grasa y enseñándole a entrar al agua.
Este vínculo prolongado aumenta las posibilidades de supervivencia del cría, ya que el entorno antártico exige una adaptación temprana a la vida en hielo.
¿Qué nos depara el futuro de la foca de Weddell?
La foca de Weddell sigue siendo un indicador clave de la salud del ecosistema antártico. Los científicos de la Universidad de Chile y del British Antarctic Survey continúan monitoreando sus colonias para detectar cambios en la disponibilidad de krill y en la extensión del hielo marino. En los últimos años, los estudios de satélite han revelado que algunas poblaciones se están desplazando hacia latitudes más al sur, buscando hielo más estable.
Además, los programas de conservación impulsados por el Tratado Antártico buscan reducir el ruido acústico de la pesca y limitar la captura incidental. Si estas medidas se mantienen, la especie podría mantener su papel ecológico durante las próximas décadas, aunque el ritmo del calentamiento global sigue siendo una incógnita que podría alterar su hábitat de forma abrupta.
Conclusión:
La foca de Weddell no es solo un habitante más del hielo antártico; es una verdadera heroína silenciosa que combina adaptaciones fisiológicas extraordinarias con comportamientos sociales complejos. Su capacidad para bucear durante más de una hora y soportar temperaturas bajo cero la convierte en uno de los mamíferos marinos más resistentes del planeta.
Cada dato que descubrimos –desde su canto bajo el agua hasta su método de cría en cuevas de hielo– nos recuerda cuán poco conocemos todavía de los misterios que guarda la Antártida. Por eso, proteger su entorno no es solo una cuestión de preservación de una especie, sino de salvaguardar un laboratorio natural que nos ayuda a entender el futuro de los océanos.
La investigación continua, apoyada por tecnología satelital y colaboraciones internacionales, es la mejor garantía de que la foca de Weddell seguirá fascinándonos y enseñándonos durante generaciones. Esperemos que la conciencia global siga creciendo y que las políticas de protección se traduzcan en acciones concretas que garanticen su supervivencia a largo plazo.
Comunidad Chusmera (1)
Esta nota fue elaborada con asistencia de inteligencia artificial a partir de fuentes verificadas, con supervisión editorial de El Chusmero.

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