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En el primer semestre de 2025, la inflación baja se ha convertido en un fenómeno destacado dentro de Latinoamérica, donde Uruguay, Chile y Perú aparecen como los principales ejemplos de estabilidad de precios, según los últimos informes de los bancos centrales y la agencia Reuters. Este escenario, inesperado para una región históricamente marcada por volatilidades inflacionarias, plantea interrogantes sobre la combinación de políticas macroeconómicas, la coyuntura internacional y la disciplina fiscal que han permitido a estos países mantener tasas cercanas al 3 % o incluso inferiores.
A diferencia del actual escenario de inflación baja, el contexto histórico revela que, durante la década de 2010, la mayoría de los países latinoamericanos experimentaron inflaciones superiores al 6 %, impulsadas por la depreciación de sus monedas, precios de materias primas y déficits fiscales estructurales. Sin embargo, la crisis sanitaria de 2020 y la posterior recuperación económica obligaron a los gobiernos a replantear sus marcos de política monetaria. En Uruguay, la política de metas de inflación establecida en 2005 se consolidó bajo la dirección del Banco Central, mientras que Chile adoptó un enfoque de “inflación flexible” que permite ajustes graduales sin perder credibilidad. Perú, por su parte, ha reforzado la independencia de su autoridad monetaria, lo que ha sido clave para anclar expectativas.
Inflación baja: contexto histórico y tendencias de precios
El legado de la hiperinflación de los años 80 y 90 en varios países de la región dejó una profunda aversión institucional a la pérdida del poder adquisitivo. En respuesta, la mayoría de los bancos centrales adoptaron regímenes de metas de inflación, con rangos de tolerancia del 2 % al 4 %. A lo largo de los últimos diez años, la disciplina fiscal y la apertura comercial han sido variables determinantes. En Uruguay, la estabilidad política y la ausencia de grandes choques externos han permitido que la inflación anual se mantuviera en 3,2 % en el primer trimestre de 2025, según datos del Instituto Nacional de Estadística (INE).
Chile, bajo la presidencia de Gabriel Boric y la gestión del ministro de Hacienda Mario Marcel, registró una inflación de 2,8 % en el mismo periodo, la más baja desde 2012. La combinación de una política monetaria prudente del Banco Central de Chile y la reducción de subsidios energéticos ha contribuido a este resultado. Por su parte, Perú, con la presidenta Dina Boluarte al frente y el ministro de Economía José Arista, reportó una inflación de 2,5 %, impulsada por la estabilización del tipo de cambio y la contención de precios de alimentos básicos.

Los países que encabezan la tabla de inflación baja
Los datos publicados por el Fondo Monetario Internacional (FMI) y corroborados por El Chusmero sitúan a Uruguay, Chile y Perú como los líderes de la inflación baja en Latinoamérica. Uruguay, con una tasa de 3,2 %, se beneficia de una política cambiaria que mantiene el peso uruguayo dentro de un rango estrecho frente al dólar, reduciendo la incertidumbre para importadores y exportadores. Además, el país ha implementado una reforma tributaria que amplió la base impositiva sin elevar la carga fiscal, favoreciendo la recaudación y la sostenibilidad del gasto público.
En Chile, la estrategia ha girado en torno a la flexibilización de la regla de inflación, permitiendo que la tasa de referencia del Banco Central se ajuste en función de la evolución del empleo y la actividad económica. Mario Marcel, ministro de Hacienda, ha señalado que “la disciplina fiscal y la claridad en la comunicación de la política monetaria son los pilares que nos han permitido mantener la inflación bajo control”. Por último, Perú ha adoptado una política de “inflación objetivo” con un rango de 1 % a 3 %, respaldada por una fuerte independencia del Banco Central de Reserva del Perú, que ha resistido presiones políticas para evitar la devaluación.

Políticas monetarias y fiscales detrás del éxito
El eje central de la estabilidad de precios radica en la coordinación entre política monetaria y fiscal. En Uruguay, el Banco Central, presidido por Alberto Bensión, ha mantenido una tasa de interés de referencia en torno al 7 %, suficiente para anclar expectativas sin asfixiar el crédito. Simultáneamente, el gobierno ha reducido el déficit fiscal al 1,5 % del PIB, mediante la racionalización del gasto y la mejora de la recaudación tributaria.
Chile, por su parte, ha adoptado una política de “inflación flexible” que permite al Banco Central tolerar desviaciones temporales de la meta, siempre que la tendencia sea descendente. La reciente reducción del IVA a los combustibles, anunciada por Mario Marcel, ha tenido un efecto directo sobre los precios al consumidor, contribuyendo a la caída de la inflación. En Perú, la política cambiaria ha sido clave: el Banco Central ha intervenido de forma puntual para evitar fluctuaciones bruscas del sol, manteniendo la volatilidad cambiaria bajo el 4 % anual.
Desafíos y perspectivas a medio plazo
Aunque los resultados actuales son alentadores, los analistas advierten que la inflación baja no está exenta de riesgos. La recuperación de la demanda global, los precios de los commodities y la posible reactivación de tensiones geopolíticas podrían reintroducir presiones inflacionarias. En Uruguay, el presidente Luis Lacalle Pou ha subrayado la necesidad de diversificar la matriz productiva para reducir la dependencia de importaciones de energía. En Chile, la agenda de reforma tributaria y la transición energética podrían generar costos de ajuste que, si no se gestionan adecuadamente, podrían elevar la inflación.
En Perú, la estabilidad del tipo de cambio sigue siendo vulnerable a la volatilidad de los mercados de materias primas. José Arista ha indicado que el gobierno está preparado para utilizar reservas internacionales y mecanismos de cobertura cambiaria para mitigar impactos externos. En conjunto, la comunidad internacional sigue de cerca estos casos de éxito, pues ofrecen lecciones valiosas para otras economías de la región que aún luchan contra inflaciones superiores al 7 %.
Proyección a futuro y conclusiones
De cara a los próximos años, la tendencia de inflación baja en Latinoamérica dependerá de la capacidad de los gobiernos para mantener la disciplina fiscal, reforzar la independencia de los bancos centrales y adaptar sus políticas a un entorno internacional cada vez más incierto. La experiencia de Uruguay, Chile y Perú muestra que la combinación de metas claras, comunicación transparente y reformas estructurales puede generar un entorno macroeconómico favorable para el crecimiento sostenible.
Según la última proyección del FMI, la inflación promedio de la región podría situarse en torno al 4 % para 2026, siempre que los países mantengan la senda de políticas adoptadas en 2025. Sin embargo, cualquier desviación significativa en los precios de alimentos o energía podría revertir los avances logrados. En este contexto, la vigilancia constante de los indicadores macroeconómicos y la cooperación regional serán esenciales para consolidar la estabilidad de precios y evitar retrocesos.
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