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El universo parece un escenario silencioso, pero la última generación de telescopios ha descubierto la frecuencia más baja jamás detectada, equivalente a un susurro que tarda años en completarse. Esta onda, que vibra a tan solo 10^-9 hertz, no se escucha con los oídos humanos, pero sí con pulsars que actúan como relojes cósmicos. ¿Qué significa escuchar el murmullo del cosmos y cómo lo logramos?

Tabla de contenidos
Pulsars: relojes cósmicos que captan el murmullo más bajo
En el contexto del sonido más grave del cosmos, los pulsars son estrellas de neutrones que emiten pulsos de radio con una regularidad casi perfecta. Al medir las variaciones en el tiempo de llegada de estos pulsos, los astrónomos pueden detectar la presencia de ondas gravitacionales de muy baja frecuencia.
Para más contexto, consultá también El sonido más grave jamás detectado en el universo (Wikipedia).
En 2015, NANOGrav, una red de pulsars en América del Norte, publicó la primera señal de fondo de ondas gravitacionales en la banda de 10^-9 a 10^-8 Hz. Esta detección representa el sonido más grave jamás registrado, ya que la frecuencia equivale a una oscilación cada pocos años.
Más información: La nota más grave del universo: 57 octavas bajo Do.
El papel de las redes de pulsars en la detección de ondas gravitacionales
Hablando puntualmente del sonido más grave del cosmos, el método se basa en comparar el tiempo de llegada de los pulsos con modelos teóricos. Una desviación de microsegundos puede indicar la influencia de una onda gravitacional que pasa a través del espacio entre la Tierra y el pulsar. La combinación de datos de cientos de pulsars en el EPTA y PPTA refuerza la señal y reduce el ruido instrumental.
Más información: La guía definitiva para Sueño de Calidad — Histori.
El resultado es una imagen de la vibración del espacio-tiempo a escalas gigantescas, mucho más bajas que las alcanzadas por LIGO y Virgo.
Comparación con los sonidos detectados por LIGO y Virgo
Sobre el sonido más grave del cosmos, vale la pena remarcar que LIGO y Virgo, los interferómetros terrestres, detectan ondas gravitacionales en la banda de 10 a 1000 Hz, similares al rango de los sonidos humanos. El primer evento registrado, GW150914, tuvo una frecuencia de 35 Hz al inicio. En contraste, el fondo nHz detectado por las redes de pulsars está 10^9 veces más bajo que la frecuencia mínima de LIGO.
Esta diferencia muestra que el universo produce vibraciones en una escala de frecuencia que trasciende nuestra experiencia auditiva.
Del latido de los púlsares al bajo del espacio: cómo convertimos ondas de radio en sonido
Los púlsares son estrellas de neutrones que giran a velocidades increíbles, emitiendo pulsos de radio cada fracción de segundo. Cuando un telescopio como el FAST de China capta esas señales, el software las traduce a frecuencias audibles bajándolas varios órdenes de magnitud. Un púlsar con un período de 1,4 milisegundos, por ejemplo, se escucharía como un pitido grave de unos 20 hertzios después del escalado.
Esta técnica no altera la información original; simplemente la hace perceptible al oído humano, revelando el ritmo cósmico que de otro modo solo veríamos en gráficas.

Escuchando el cosmos en la próxima década: de LIGO a la red de pulsos y los nuevos telescopios
Desde la primera detección de ondas gravitacionales en 2015, LIGO y Virgo han ampliado nuestro repertorio sonoro con chirridos de fusiones de agujeros negros y estrellas de neutrones. En los últimos años, la colaboración NANOGrav ha empezado a “escuchar” el fondo gravitacional mediante la sincronización de pulsos de varios púlsares distribuidos por la Vía Láctea.
A medida que LISA, la misión espacial de la ESA prevista para lanzar a mediados de la década de 2030, se acerque a su puesta en órbita, podremos captar ondas de frecuencia aún más baja, equivalentes a notas más graves que cualquier instrumento terrestre.
Estas iniciativas prometen que, dentro de la próxima década, el público podrá experimentar una sinfonía cósmica más rica y diversa, directamente desde los rincones más remotos del universo.
¿Qué sigue para la captura del zumbido cósmico?
Los próximos años prometen afinar el oído del cosmos. Redes como NANOGrav, el Pulsar Timing Array europeo (EPTA) y la futura iniciativa internacional IPTA seguirán monitoreando cientos de púlsares con precisión nanosegundo, lo que podría confirmar la existencia de ondas gravitacionales de frecuencia nanohertz, el llamado “hum” del universo.
Paralelamente, la misión LISA, programada para lanzarse a mediados de la década de 2030, detectará ondas gravitacionales en el rango de milihertz, cerrando la brecha entre los sonidos de LIGO y los pulsos de los púlsares.
Estas detecciones no solo validarían teorías sobre la formación de supercúmulos de galaxias y la materia oscura, sino que abrirán una nueva forma de “escuchar” la historia temprana del universo, mucho antes de que la luz pudiera escapar. Cada mejora tecnológica amplía la banda audible del cosmos, transformando lo que antes era un susurro inaudible en una sinfonía de datos que los astrónomos podrán interpretar.
Conclusión:
La idea de que el universo tenga un sonido, aunque parezca sacada de una novela de ciencia ficción, está respaldada por mediciones reales de ondas gravitacionales y del fondo cósmico de microondas. Lo que percibimos como “sonido más grave” es, en realidad, una vibración extremadamente lenta que solo puede ser traducida a frecuencias audibles mediante algoritmos que estiran el tiempo.
Estas vibraciones provienen de fenómenos colosales: la fusión de agujeros negros supermasivos, la danza de galaxias en formación y los ecos de la inflación primordial. Cada descubrimiento ha sido posible gracias a observatorios que miden el retardo en pulsos de púlsares o a interferómetros como LIGO y Virgo, que ya escucharon los estruendos de colisiones estelares. Sin embargo, el “hum” de nanohertz sigue siendo una pieza clave que apenas empezamos a descifrar.
Con la próxima llegada de LISA y la expansión de las redes de pulsar timing, la comunidad científica espera transformar ese zumbido en una herramienta de diagnóstico del cosmos, revelando estructuras invisibles y afinando nuestro modelo del universo. En definitiva, el sonido más grave del cosmos no solo amplía nuestra percepción del espacio, sino que nos invita a escuchar la historia profunda del universo, una nota a la vez.
Comunidad Chusmera (1)
Esta nota fue elaborada con asistencia de inteligencia artificial a partir de fuentes verificadas, con supervisión editorial de El Chusmero.

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