
Las proyecciones futuras para Uruguay son muy alarmantes; la baja natalidad del país charrúa alerta a su sustentabilidad y estabilidad económica, ya que cada año son menos los bebés que nacen en su territorio y la inmigración tampoco ayuda a aumentar su tasa poblacional.
En una entrevista en Carve, el economista y exdirector del INE, Diego Aboal, alertó sobre la acelerada disminución de nacimientos en el país, un fenómeno que calificó de “terremoto” y que ya ubica a Uruguay en lo que se denomina “invierno demográfico”.

Los datos preliminares de 2025 confirman una tendencia preocupante: con 28.903 nacimientos, hubo mil bebés menos que lo proyectado por el Instituto Nacional de Estadística (INE). La caída no solo es más rápida de lo esperado, sino que por quinto año consecutivo el número de defunciones supera al de nacimientos, reduciendo así la población uruguaya.
“Esto es un terremoto demográfico”, afirmó Aboal durante la entrevista. “Desde 2021, la población está cayendo por el crecimiento natural negativo. Uruguay ya está entrando en lo que se llama el invierno demográfico”.
Las proyecciones del INE, que ya resultaron optimistas frente a la realidad de 2025, indican que hacia 2070 Uruguay volvería a tener alrededor de tres millones de habitantes, similar a la cifra de 1985. Pero el dato más revelador es el cambio en la pirámide poblacional: si en 1908 había 16 niños (0-14 años) por cada adulto mayor de 65, hoy la relación es 1 a 1, y para 2070 se estima que habrá tres personas mayores de 65 por cada niño.
“Esto da una imagen muy fuerte de que se van a requerir muchos recursos en la cola superior de edades”, señaló Aboal. “Vamos a precisar más residenciales que CAIFs”.
Para Aboal, la clave no está en intentar que las familias tengan más hijos, sino en proteger y potenciar a los niños que ya nacen. “Uno de cada tres de estos niños los estamos perdiendo en la pobreza”, alertó. “Necesitamos dar esteroides a los niños en formato de educación”.

El experto propone dos vías de acción concretas:
Invertir en educación de calidad para que, aunque sean menos, los futuros trabajadores sean mucho más productivos.
Incorporar tecnología e innovación en el sector público y privado para aumentar la eficiencia y la productividad general de la economía.
“Si el país se acercara a los niveles de capital intangible de los países desarrollados, podría aumentar el PBI en 2.400 millones de dólares”, ejemplificó.
