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En 1977 se firmó un acuerdo que transformó la soberanía del Canal de Panamá. Los tratados Torrijos‑Carter no solo reemplazaron un pacto de 1903, sino que sentaron las bases de la relación actual entre Estados Unidos y Panamá. Esta es la historia poco conocida que llevó a esa transformación.

Tabla de contenidos
El legado del Tratado Hay‑Bunau‑Varilla y la presión panameña
Desde 1903, el Tratado Hay‑Bunau‑Varilla había otorgado a Estados Unidos el control total del Canal y una zona de defensa de 10 millas a cada lado. Con el paso de los años, la población panameña comenzó a cuestionar esa soberanía, especialmente tras el incidente de la bandera en 1964, que desató protestas masivas y un fuerte sentimiento nacionalista.
Para más contexto, consultá también Tratados Torrijos-Carter (Wikipedia).
El líder militar Omar Torrijos, que había tomado el poder en 1968, capitalizó ese descontento y lanzó una campaña diplomática para renegociar el estatus del Canal.
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Las negociaciones en Washington y los protagonistas
En la segunda mitad de los años setenta, Estados Unidos, bajo la presidencia de Jimmy Carter, aceptó abrir una mesa de diálogo con Panamá. Las conversaciones se llevaron a cabo en la Casa Blanca y culminaron el 7 de septiembre de 1977, cuando Carter y el comandante de la Guardia Nacional de Panamá, Omar Torrijos, firmaron los dos tratados que llevarían el nombre de ambos.
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El proceso estuvo marcado por intensos debates en el Senado estadounidense, donde algunos legisladores temían perder una posición estratégica, mientras que otros reconocían la necesidad de reparar una injusticia histórica.
Lo que establecían los tratados y su importancia
Los tratados Torrijos‑Carter establecieron que Panamá recuperaría la plena soberanía del Canal al concluir el año 1999, tras un periodo de transición en el que EE.UU. mantendría derechos operativos limitados. Además, se creó la Autoridad del Canal de Panamá, una entidad civil encargada de la administración futura del paso.
Este acuerdo no solo puso fin a más de noventa años de control estadounidense, sino que también marcó un precedente en la renegociación de tratados coloniales y reforzó la imagen de Panamá como nación soberana en la arena internacional.
El cruce del Senado estadounidense
Tras la firma en Washington, el Tratado Torrijos‑Carter tuvo que pasar por la aprobación del Senado. En 1978 la Cámara Alta votó 68 a 32 a favor, una mayoría que reflejaba la presión de la opinión pública y la creciente crítica a la presencia militar estadounidense en la zona. Los senadores que se opusieron argumentaron que el acuerdo comprometía la seguridad estratégica de EE. UU., mientras que los defensores insistieron en que la transferencia era inevitable para reparar la relación bilateral y cumplir con los principios de autodeterminación.

Repercusiones para la soberanía panameña
La ratificación de los tratados marcó un hito para Panamá: por primera vez, el control total del Canal se encaminó a su restitución. El gobierno panameño organizó una serie de actos simbólicos, como la izada de la bandera nacional en la zona del Canal, y lanzó campañas educativas para reforzar la identidad nacional.
A nivel internacional, el acuerdo fue visto como un precedente de descolonización pacífica y sentó las bases para que Panamá pudiera planificar la gestión del Canal a futuro, culminando en la transferencia definitiva en diciembre de 1999.
El legado de los Tratados Torrijos‑Carter
Los tratados no solo devolvieron la soberanía panameña, sino que redefinieron la gestión del Canal como una entidad neutral bajo la Autoridad del Canal de Panamá. Desde el 1 de enero de 1999, la administración local se encargó de la expansión, culminando en el proyecto de ampliación que abrió el canal a buques de mayor calado en 2016. Además, la entrega pacífica marcó un punto de inflexión en la diplomacia hemisférica: EE.UU.
y Panamá establecieron una relación basada en la cooperación económica y la seguridad del tránsito marítimo, evitando los conflictos que habían caracterizado la era del control estadounidense. El modelo de transferencia gradual, previsto en los tratados, sirvió de referencia para otros acuerdos de descolonización y soberanía en América Latina.
Conclusión:
La firma de los Tratados Torrijos‑Carter en 1977 representa uno de los giros más significativos de la política exterior estadounidense del siglo XX. Tras décadas de control directo sobre una vía estratégica, Estados Unidos aceptó, bajo presión internacional y regional, un calendario de transferencia que culminó a finales de 1999.
Este proceso no solo restauró la dignidad nacional de Panamá, sino que también demostró que intereses geoestratégicos pueden alinearse con el respeto a la autodeterminación. La gestión panameña del Canal ha probado ser eficiente, generando ingresos que impulsan la economía local y manteniendo la confianza de los usuarios internacionales.
En la actualidad, el Canal sigue siendo un símbolo de colaboración y de cómo la diplomacia, aun en temas tan críticos como una ruta marítima vital, puede resolver disputas históricas sin recurrir a la fuerza.
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