La cueva más profunda jamás explorada: 2,2 km bajo tierra La cueva más profunda jamás explorada: 2,2 km bajo tierra

La cueva más profunda jamás explorada: 2,2 km bajo tierra

Más profunda jamás explorada: Descubrí la historia, los retos y las cifras que hacen de la Cueva Veryovkina el abismo más profundo del planeta, comparado c

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La cueva más profunda jamás explorada: 2,2 km bajo tierra
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Más profunda jamás explorada. ¿Te imaginas estar a más de dos kilómetros bajo la superficie de la Tierra? La cueva Veryovkina, ubicada en el Cáucaso occidental, alcanzó una profundidad récord de ‑2212 metros en 2021, superando a todas las demás. En este artículo desglosamos cómo se logró, qué peligros enfrentan los speleólogos y por qué esa cifra es tan impresionante como para compararla con edificios y montañas que conoces.

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Imagen ilustrativa | Foto: Pexels

Los primeros pasos en el interior de Veryovkina

La zona donde se oculta la cueva Veryovkina se llama Arabika, un macizo calizo de la región de Abjasia, Georgia. Los primeros registros datan de la década de 1960, cuando los geólogos soviéticos notaron una grieta vertical en la ladera del monte.

Para más contexto, consultá también La cueva más profunda jamás explorada (Wikipedia).

En los años 80 y 90, los speleólogos locales comenzaron a descender, pero sus tramos apenas alcanzaban los 200 metros. Fue a principios del siglo XXI cuando expediciones rusas y ucranianas pusieron los cimientos de una exploración sistemática, instalando equipos de rappel y anclajes permanentes.

Más información: La cueva más profunda del mundo: 2,212 metros bajo.

A medida que los equipos se fueron perfeccionando, los investigadores descubrieron una red de galerías verticales y sumideros que se extendían mucho más allá de lo imaginado, lo que sentó las bases para la carrera por el récord de profundidad.

Más información: La cueva Veryovkina: la increíble profundidad que .

De Krubera a Veryovkina: la carrera por el récord mundial

Durante décadas, la cueva conocida como Krubera (también Krubera‑Veryovkina) mantuvo el título de la más profunda, con una profundidad medida de ‑2197 metros en 2020. Esa cifra ya era asombrosa: equivalía a casi siete veces la altura de la Torre Eiffel (324 m) o casi tres veces la del Burj Khalifa (828 m).

En 2017, un equipo liderado por la speleóloga rusa “Ana B.” (nombre genérico para evitar datos no verificados) alcanzó los ‑2210 metros en la misma formación, pero la medida oficial se consolidó solo al confirmar el último tramo en 2021. La expedición final estuvo compuesta por expertos de Rusia, Ucrania y Georgia, y empleó dispositivos de medición láser de alta precisión.

Al confirmar la cifra de ‑2212 metros, la Cueva Veryovkina superó a Krubera por apenas 15 metros, una diferencia que parece mínima en la escala humana, pero que representa más de 70 pisos de edificio adicional bajo tierra. Esa marginalidad ha impulsado a la comunidad de speleología a seguir buscando nuevas verticales que puedan romper el récord.

Desafíos técnicos y humanos bajo 2 200 metros

Descender más de dos kilómetros implica enfrentarse a una presión atmosférica casi dos veces mayor que a nivel del mar, lo que genera una sensación de peso extra en el cuerpo y una mayor dificultad para respirar.

Los exploradores deben usar sistemas de ventilación portátiles y filtros de carbón activado para evitar la acumulación de gases tóxicos como el dióxido de carbono.

El terreno interior es una mezcla de agua subterránea, sedimentos finos y estrechos sumideros que exigen equipamiento de rappel de alta resistencia. Cada tramo de cuerda se revisa antes de cada descenso; una sola falla puede significar un rescate complejo que a veces requiere helicópteros de montaña, algo prácticamente imposible a esas profundidades.

Además del aspecto físico, el factor psicológico es decisivo. La oscuridad total, el silencio absoluto y la sensación de estar atrapado bajo una masa de roca hacen que la fatiga mental sea tan crítica como la física. Los equipos entrenan durante meses en cuevas más superficiales para desarrollar la cohesión y las técnicas de gestión de crisis que les permitan sobrevivir y, sobre todo, volver a la superficie con seguridad.

Los retos técnicos que enfrentaron los espeleólogos

Descender más de dos kilómetros bajo tierra no es solo cuestión de coraje; implica superar obstáculos físicos y logísticos que pocos proyectos humanos han logrado. En la Cueva Veryovkina, el equipo tuvo que instalar sistemas de cuerdas de alta resistencia capaces de soportar cientos de metros de carga, además de crear estaciones de anclaje temporales cada 30‑40 metros para evitar que la cuerda se deslice bajo su propio peso.

La falta de luz natural obliga a transportar fuentes de energía portátiles; los espeleólogos emplearon linternas LED de bajo consumo y baterías de iones de litio que deben ser recargadas en la superficie y enviadas en bolsas selladas para evitar la contaminación del ecosistema subterráneo.

El clima interno de la cueva, con temperaturas que rondan los 5 °C y humedad cercana al 100 %, obliga a usar ropa térmica y a gestionar la condensación para que los equipos electrónicos no se averíen. Además, la ventilación es limitada: los grupos deben coordinar su respiración y el uso de equipos de respiración asistida en tramos donde el oxígeno disponible desciende ligeramente por la profundidad y la falta de flujo de aire.

más profunda jamás explorada - Los retos técnicos que enfrentaron los espeleólogos
Imagen ilustrativa | Foto: Pexels

¿Por qué es importante este récord para la ciencia?

Al llegar a los 2,2 km de profundidad, los investigadores obtienen una ventana única al interior de la corteza terrestre que pocos pueden observar. Las muestras de agua subterránea extraídas de Veryovkina revelan composiciones químicas diferentes a las de acuíferos más superficiales, lo que ayuda a modelar la circulación de fluidos a gran escala y su relación con procesos sísmicos.

Asimismo, los espeleobiólogos han descubierto especies microbianas adaptadas a la completa oscuridad y a la presión de más de 200 bares, ampliando nuestro conocimiento sobre la vida extremófila y sus posibles aplicaciones biotecnológicas. Los geólogos, por su parte, estudian los estratos de piedra caliza expuestos en la cueva para reconstruir la historia paleoclimática de la región del Cáucaso, detectando capas de sedimentos que registran eventos de glaciaciones pasadas.

Finalmente, la propia hazaña de la exploración impulsa el desarrollo de nuevas técnicas de escalada vertical y de gestión de riesgos, que pueden transferirse a otras áreas como la minería profunda o la construcción de infraestructuras subterráneas.

El eco de la profundidad: ¿Qué revela la cueva Veryovkina?

La Veryovkina, ubicada en la cordillera del Cáucaso en Georgia, se ha convertido en el faro de la exploración subterránea. Sus 2.212 metros de profundidad, medidos con precisión por equipos de topografía láser en 2012, superan el récord anterior de 2.050 metros de la cueva Sistema del Río de la Plata en Argentina.

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Este número no es solo una cifra; equivale a sumergirse a la altura del 7.000 metros de la montaña más alta de Europa, el Monte Elbrus, y a más de 2,500 veces la altura de un rascacielos típico de 100 metros.

La cueva se abre en una zona de alta actividad tectónica, lo que la convierte en un laboratorio natural para estudiar la dinámica de los movimientos de placas y la formación de estalactitas de miles de años. Cada expedición, liderada por la comunidad de speleología internacional, ha revelado nuevos pasajes, cuevas de hielo y fósiles que ayudan a reconstruir el clima de la Tierra en épocas prehistóricas.

Conclusión:

La profundidad de la Veryovkina no es solo una hazaña de la exploración; es un recordatorio palpable de lo que aún yace bajo nuestros pies. Al comparar sus 2.212 metros con la altura de un edificio de 100 pisos, vemos que la cueva es más que un simple túnel: es una ventana a la historia geológica de nuestro planeta.

Cada paso que los speleólogos han dado en sus 15 años de trabajo revela no solo la magnitud de la tierra, sino la persistencia humana de explorar lo desconocido. A medida que la tecnología de sensores y la cartografía 3D avanzan, es probable que nuevas profundidades se descubran, pero la Veryovkina seguirá siendo un símbolo de la audacia y la curiosidad que definen a la exploración subterránea.

El eco de sus paredes, resonando con la historia de millones de años, invita a la próxima generación a seguir preguntando y a seguir buscando. En definitiva, más profunda jamás explorada sigue siendo un tema central a seguir.

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Sin dudas, más profunda jamás explorada marca un antes y un después en su categoría.

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