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En septiembre de 2026, el Instituto Nacional de Estadística publicó los resultados de la ENCOVI 2025 que revelan una paradoja de género en Venezuela. Las mujeres venezolanas poseen niveles educativos superiores a los hombres, pero su inserción en el mercado laboral remunerado es considerablemente menor. Expertos advierten que esta brecha limita la recuperación económica del país.
Tabla de contenidos
Educación femenina supera a la masculina
La Encuesta Nacional de Condiciones de Vida (ENCOVI 2025) revela que una mayoría de mujeres venezolanas completa estudios secundarios y superiores en mayor proporción que sus pares masculinos. En varios indicadores, como la tasa de alfabetización y la matrícula universitaria, la participación femenina supera el 55% del total.
Para más contexto, consultá también El Nacional.
Estas cifras reflejan una tendencia sostenida desde la década pasada, donde la inversión pública en educación primaria y secundaria alcanzó niveles históricos. Sin embargo, el capital humano generado no se traduce en oportunidades equivalentes en el ámbito productivo, según análisis del Banco Interamericano de Desarrollo (BID).
Brecha de participación laboral y salarios
En el caso de las mujeres venezolanas, a pesar de su mayor nivel educativo, la participación económica se sitúa en 39% según ENCOVI, mientras que los hombres alcanzan el 72% de actividad remunerada. La consultora ANOVA Policy Research estima una tasa ligeramente superior para las mujeres, del 50,8%, pero ambas cifras siguen siendo de las más bajas de América Latina.
Además, las mujeres perciben salarios inferiores en promedio, una diferencia que se amplía en sectores formales e informales. Este desfase no solo representa una cuestión de igualdad de género, sino también un obstáculo para la productividad nacional, ya que una parte significativa del talento queda subutilizada.
Trabajo de cuidados no remunerado y su impacto macroeconómico
Es importante destacar que más del 60% de los hogares venezolanos dependen del trabajo de cuidados realizado mayoritariamente por mujeres, incluyendo atención a niños, ancianos y personas con discapacidad. Estas horas invisibles, que no se reflejan en estadísticas de empleo, interrumpen trayectorias profesionales y reducen la disponibilidad de mano de obra calificada.
Estudios del BID señalan que la carga de cuidados limita la autonomía económica femenina y genera costos indirectos para la economía, al disminuir la fuerza laboral activa. Expertas como Susana Reina, directora fundadora de Feminismo INC., describen este fenómeno como un «efecto tijera» que amplía la brecha de género y frena la recuperación del país.
Brecha de género en la inserción laboral formal
A pesar de los avances académicos, la participación de las mujeres en el mercado laboral formal sigue siendo significativamente menor que la de los hombres. Los datos del Instituto Nacional de Estadística (INE) publicados a finales de 2023 muestran que la tasa de empleo femenino se mantiene por debajo del nivel masculino en la mayoría de los sectores productivos.
Este desfase se refleja especialmente en actividades de tiempo completo, donde la proporción de mujeres empleadas es menor y la rotación laboral es más alta. Además, la informalidad sigue siendo una vía predominante para las trabajadoras, lo que reduce su acceso a beneficios sociales y a oportunidades de desarrollo profesional.
Factores estructurales que limitan la transición de la educación al trabajo
Diversas variables estructurales explican la dificultad de convertir la mayor presencia femenina en la educación en empleo estable. La escasez de guarderías y servicios de cuidado infantil, agravada por la crisis económica, obliga a muchas mujeres a priorizar las responsabilidades familiares sobre la inserción laboral.
Asimismo, la persistencia de estereotipos de género en la oferta de puestos de trabajo restringe la disponibilidad de empleos en sectores tradicionalmente dominados por hombres, como la industria y la construcción. Por último, la falta de programas de capacitación vinculados a las demandas del mercado local limita la efectividad de los títulos universitarios en la generación de oportunidades laborales para las graduadas.
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Perspectivas y desafíos futuros
A medida que la brecha educativa se reduce, el reto principal radica en traducir los logros académicos de las mujeres en oportunidades laborales sostenibles. Los analistas señalan la necesidad de políticas activas de inserción laboral, programas de capacitación vinculados al mercado y la eliminación de barreras estructurales en sectores tradicionalmente masculinos.
Asimismo, la promoción de la corresponsabilidad en el cuidado doméstico y la ampliación de la oferta de guarderías públicas son consideradas medidas clave para facilitar la participación femenina en la fuerza de trabajo.
El sector privado también está llamado a adoptar prácticas de reclutamiento inclusivo y a establecer metas de igualdad de género que vayan más allá de la simple representación numérica, enfocándose en la equidad salarial y en la promoción a puestos de liderazgo.
En conjunto, la combinación de acciones estatales, empresariales y sociales podría transformar la actual disparidad entre educación y empleo, consolidando a la mujer venezolana como motor de desarrollo económico y social.
Conclusión:
El panorama educativo muestra una clara ventaja de las mujeres venezolanas, que superan a los hombres en tasas de matrícula y finalización de estudios superiores. Sin embargo, esa ventaja no se refleja de manera equivalente en el mercado laboral, donde la tasa de empleo femenino sigue por debajo de la masculina y la calidad de los puestos ocupados es frecuentemente inferior.
Este desajuste evidencia la persistencia de obstáculos estructurales, como la discriminación de género, la falta de acceso a redes profesionales y la carga desproporcionada de responsabilidades domésticas. Para revertir esta tendencia, es imprescindible que las políticas públicas integren acciones coordinadas: incentivos a la contratación femenina en sectores estratégicos, programas de capacitación alineados a la demanda del mercado y medidas que faciliten la conciliación entre trabajo y familia.
Solo mediante un enfoque integral se podrá cerrar la brecha entre la educación alcanzada y la inserción laboral, garantizando que el capital humano femenino contribuya plenamente al desarrollo del país.
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